viernes, 7 de mayo de 2010

JUSTICIA Y LEY

¿Es lo mismo Justicia que Ley?. Es una pregunta retórica, la pregunta con que un viejo amigo, ya desaparecido, Catedrático de Derecho durante treinta y seis años, iniciaba cada curso académico, en primero de carrera. Esta frase era su carta de presentación y la respuesta, tras uno segundos de silencio pesado, le daba pie para abundar en la retórica de la cátedra, con gran teatralidad, eso sí. Alzaba los brazos al cielo, mudaba la expresión, inflexionaba la voz, impostaba la dicción, paseaba arriba y abajo entre las mesas de unos alumnos apabullados ante tamaño despliegue de medios actorales. Era un gran tipo y un excelente amigo.

Esa misma pregunta les hago hoy a ustedes. Señores, amigos, ¿Es lo mismo la Justicia y la Ley?, o dicho de otro modo, ¿Es la Ley Justa?. Me responderán que, depende, que a veces sí y otras no, que cuando se hacen las leyes se procura que resulten justas y etc., pero no me sirven esas respuestas, no son precisas, no dicen la verdad y, por tanto, no "hacen justicia".
La respuesta simple y llanamente es NO. La Ley nunca puede ser justa, ni en si misma, ni en su aplicación. Desde el mismo momento en que está sujeta a interpretaciones, en que unos "jueces" la aplican en función de criterios formales y atendiendo a fallos ya existentes de similares características, de que cuentan (y mucho) circunstancias exógenas, así como otras indeterminadas, la Ley nunca puede ser justa, y por tanto no puede hacer justicia.
No nos engañemos. La Ley, las Leyes, son mecanismos de control de los ciudadanos, no herramientas de justicia; son meros ordenamientos de casuística relacional de los individuos que comparten sociedad y estado, no medios para el correcto funcionamiento de las relaciones humanas. Y sino vean un ejemplo claro, una suposición formal.

Pongáse por caso que Vd. da muerte a otro individuo, sin causa aparente. Si le mata utilizando cualquier tipo de arma, con intención de hacerlo, se tratará de un asesinato. Si le propina más golpes, cuchilladas o disparos de los necesarios para causarle muerte contará con el agravante de ensañamiento. Si lo hace de noche, amparado por la sombra o por la oscuridad (es decir que le sorprenda) se tratará de otro agravante, nocturnidad. Si resulta que Vd. solicita la ayuda de una o más personas (que serán juzgadas como cómplices) se aagravará el hecho por la superioridad numérica. Si además es Vd. más alto, fuerte o goza de posición social privilegiada frente a la víctima, se le sumará otro agravante más: posición de poder. Si por alguna razón ha estado algún tiempo maquinando el crimen, sumará el agravante de alevosía. Si del hecho criminal sacase algún beneficio (o lo tratara) añadirá el agravante de provecho. Y así sume y siga.... años de condena, digo, porque el "peso de la Ley caerá sobre Vd." (no el de la Justicia, observe), y se pudrirá en la cárcel a noser que cuente con los recursos económicos suficientes para contratar al mejor bufete de abogados del país, pongamos por caso al bufete de Garrigues, por ejemplo.
Ahora bien, otro supuesto. Pongamos que no es Vd. el criminal. Supongamos que se trata de un Gran Empresario (GE, así, con mayúsculas), un GE que es jefe de empresarios, que cierra una o varias de sus empresas amparado en la crisis (da igual qué crisis: la del petróleo, la del real madrid, la de la bolsa, la de los cuarenta, da igual, cualquiera es buen motivo); que deja a cientos de trabajadores en la calle sin cobrar los últimos seis meses, sin estar dados de alta en la Seguridad Social otros tantos y sin derecho ni a despido (recuerde está GE en crisis, bancarrota), ni a prestación por desempleo; que lo hace amparado en una Junta de Accionistas que es quien toma las decisiones (dice GE), sin nombres ni apellidos; que a consecuencia de los despidos uno, o varios trabajadores (ahora parados), caen en una depresión, perdido el empleo, el salario, los derechos laborales, perdida la autoestima, la dignidad (GE no los conoce siquiera), perdida la ilusión, perdido todo, incluso la casa, cuya hipoteca ya no se puede pagar. Y uno, o varios de esos trabajadores, optan, abrumados y hundidos moralmente por el suicidio.

¿Qué creen ustedes, amigos, qué sucedería? ¿Sería denunciado el GE por los familiares de los suicidas y acabaría sentado en el banquillo por asesino?. No olviden que la Ley es igual para todos; no olviden que concurren agravantes exactos a los citados en el primer supuesto, todos juntos: Ensañamiento (no pagar, no asegurar y despedir); superioridad numérica (Un Consejo de Administarción al completo); nocturnidad (la oscura opacidad de la propia empresa y su Consejo de Administración); posición de poder (GE es el jefe, el amo, el señor); alevosía (un cierre patronal no se hace de la noche a la mañana); provecho (los dineros ganados y defraudados estarán a salvo).

¿Sentenciaría alguno de nuestros justos y afamados jueces una condena para GE, acusado de una o varias muertes, aunque fuera por homicidio imprudente, u homicidio involuntario?

¿Es la Ley igual para todos?. ¿Es la Ley justa?

Cuando hay personas que se aprovechan de la Ley para su uso exclusivo y la utilizan como arma para imponer su Justicia, es justo que otras personas se tomen la Justicia por su mano.


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