viernes, 14 de mayo de 2010

Y AHORA, QUÉ?

Ayer hemos conocido las últimas medidas que el Gobierno va a poner en marcha para contener la crisis, o lo que es más exacto, para rebajar el déficit público y evitar que la desconfianza de los especuladores financieros (precisamente los más confiados en su enriquecimiento sin escrúpulos) ponga a España en un brete similar al griego y ello repercuta en el resto de países de la Unión Europea.


El Presidente del Gobierno desgranó una serie de medidas de choque que, según viene explicando, supondrán no sólo la vuelta a la confianza de los “mercados”, sino también el mejor tratamiento para resolver la crisis, la poca que ya queda, toda vez que España inicia un leve crecimiento y los datos “macro” apuntan a mejoras lentas pero imparables. Todo ya visto en más de una ocasión, todo demasiado previsible, todo suena a pura estética, a puro formalismo gubernativo.


Las medidas que se presentan no son otra cosa que las fórmulas acordadas por el FMI, el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y los auténticos líderes de la UE, Alemania y Francia. Estas mismas medidas se han ido llevando a cabo en distintos países de la UE de forma paulatina en los últimos veinte meses y forman parte de una especie de decálogo liberal que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, pero que en nuestro caso van más dirigidas hacia la galería (europea y americana) que a resolver auténticos problemas.


La rebaja del 5% en los salarios de los funcionarios sólo es un guiño a los cuatro millones de parados, que ven aliviados como no se tocan sus derechos (de momento) y sí los sueldos de quienes tienen “trabajo fijo” (un bien realmente escaso en estos días). Para los funcionarios supone sumar otro 15% a la pérdida de poder adquisitivo que se elevará hasta el 40% en los últimos veinte años (Aznar ya lo hizo, y antes Felipe González). El recorte en los sueldos de los políticos tiene truco, porque rebajar el 15% del sueldo no significa renunciar a las dietas, gastos sin justificar o de libre disposición, y resto de complementos que en muchos casos suponen el 70% de lo que cobran. Prescindir del “cheque bebé” es puramente testimonial y un guiño más a la derecha, como la contención en el Plan de Dependencia. En cuanto a las pensiones, qué decir?


Pero lo cierto es que estas tablas de la ley, que se presentan desde el estrado del Congreso, no mencionan en ningún lado el gasto militar que podría retraerse (más de 3.000 millones de euros en nuevos vehículos y armamento sofisticado), ni trata de perseguir el dinero sucio del ladrillo, escondido bajo el colchón o en cualquier paraíso fiscal, ni las grandes fortunas y los terratenientes que cotizan comparativamente menos que los asalariados, ni a la banca que recibe dinero público y se escaquea en las aportaciones, ni al sector energético y de telecomunicaciones, ni a las Confederaciones Hidrográficas, ni a los Consejos de Administración de las Cajas de Ahorro, ni a las miles de empresas semi-públicas, participadas o públicas que se desparraman por todo el Estado, desde la administración central a la municipal, y un largo etcétera de “cajas” desconocidas donde se guarda, y desde donde se malgastan, millones de euros.






Y tras esta cortina de cretona negra, cuyo fondo adorna la presentación de las medidas citadas, es donde se esconde el verdadero problema, el auténtico monstruo que nadie se atreve a encarar, y que sigue durmiendo amenazante, a la espera de que vaya muriendo de tedio o que se vaya haciendo viejo y aún más viejo, mientras las cosas se van arreglando a medias.


El desempleo, los cuatro millones de parados. ¿Cuándo se va a presentar un Plan de Empleo que acabe con esta sangría, con esta desesperada situación que sufren al menos 11 millones de personas, entre desempleados directos y familiares, menores o dependientes?, ¿Cómo se va a remontar el desempleo, con qué medios, si se recorta el gasto del Estado?, ¿Quién se va a poner a la tarea? ¿Qué medios, qué medidas se van a poner en marcha?.


Silencio. Silencio y espera. Tal vez, si la economía remonta un poco, si crece un 0,2%, si se incrementan las exportaciones, si aumentan las cotizaciones… Tal vez…






El Plan de Empleo no tiene ni fecha ni contenidos, así de sencillo. La famosa re-estructuración del Mercado Laboral no es más que un puro título detrás del cual no hay nada, ni siquiera voluntad. Una quimera para que Sindicatos y CEOE se sienten a la mesa e inicien un diálogo social que servirá, como mucho, para que se marquen las fronteras entre unos y otros, pero de fondo nada. No hay nada. Ni siquiera deseos de hacer.


Volveremos a una mera relación nominalista de modalidades de contratación, de leyes de derecho laboral, de nuevas tablas de cotización a la Seguridad Social, de nuevas denominaciones de tareas y especialidades, pero de “reforma del mercado laboral” no habrá nada, absolutamente nada.


No habrá nada porque se seguirán manteniendo las mismas estructuras laborales, los mismos modelos productivos, idénticas relaciones entre asalariado-empresa-administración y, lo que es peor, los mismos sectores de empleo: construcción y servicios.


Seguiremos con contratos cada vez más inestables, menos asentados, menos duraderos. La temporalidad ya no se medirá en meses, sino en días e incluso en horas. Los derechos laborales se verán recortados por mor de esta temporalidad extrema; las categorías, las especialidades y los niveles serán cosas de otros tiempos, porque todo el trabajo se supeditará a la mayor rentabilidad al menor coste, a los objetivos, al abaratamiento de los salarios y al servicio a la empresa, que es lo mismo que decir al empresario. Y sobre todo, dentro de tres o cuatro años volveremos a la misma situación, porque nuestro mercado laboral, nuestra estructura de producción es anticuada, decimonónica. Nuestros empresarios no son más que mercachifles cuyo único interés sigue siendo lucir riquezas y tener querida (como en el s. XIX), o lo que es lo mismo acumular dinero y hacer ostentación del mismo, competir entre ellos. Nuestros sindicatos son más verticales que nunca, sujetos y supeditados a la subvención del Estado y pactando el sostenimiento de su propio momio a costa de lo que sea, empeñados en mantener estructuras de auténticos “lobby” para seguir con unos privilegios propios de los sindicatos verticales. Pero sin plantear alternativas reales a los problemas que nos afectan.

(Continuará…)

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