viernes, 7 de mayo de 2010

La Colleccione Marinelli
Todo el corredor formaba un inmenso pabellón que circundaba la cúpula. A la izquierda -si el sentido de la marcha se hacía siguiendo las agujas del reloj- los armarios, estanterías y armazones con metopas, redomas, frasquitos transparentes que irisaban destellos psicodélicos. Cada uno de ellos con su correspondiente etiqueta caligrafiada a plumilla por una mano firme, resuelta y paciente: Lugares, nombres propios en diversos idiomas y una fecha.

A la derecha el corredor se abría, a través de cristaleras móviles, al vacío mediante entre el suelo del hall y la inalcanzable cúpula que coronaba, para goce de los sentidos y dolor del cuello, un coro de angélicas figuras en posturas de fornicio, ofreciendo al curioso visitante un rosario de ninfas hermafroditas penetrándose las unas a las otras hasta completar el corro.

La colección era el orgullo de la casi milenaria familia Marinelli, una estirpe de nobles sustentados en dos pilares inamovibles: La Iglesia (varios de los miembros formaron parte de la Cátedra vaticana) y el Comercio con Oriente y Las Américas (otros tantos se encargaron de engrosar las arcas familiares con oro y plata, comprando los perdones de sus desvaríos, contribuyendo con limosnas - a falta de penicilina- a paliar los estragos de la Sífilis y conquistando nuevas tierras para mayor gloria de Dios y S.S.). En cada siglo, desde hacía casi diez, alguno de los vástagos Marinelli había continuado ampliando la colección que iniciara el más querido y admirado progenitor: Micer Girolammo Marinelli, durante la Segunda Cruzada. Uno a uno, ya fueran ministros de Dios, ya caballeros del Papa, ya duchos comerciantes, se habían empeñado en completar aquella inmensa colección, de manera que en el presente, significaba todo un fondo documental abierto a la investigación antropológica, o simplemente a la curiosidad, un tanto morbosa, de las nuevas corrientes artísticas. Los más insignes osólogos (u otólogos) habían visitado el Palazzo Marinelli en varias ocasiones. Desde Lord Byron (que aportó a la coleción un precioso ejemplar conseguido en un duelo en el Arrabal veneciano), pasando por el laureado Sir. Thomas Gallowstone, premio Nobel de Medicina y padre de la Osometría científica, hasta el curioso Borges (Jorge Luis), que quedó impresionado por la magnificencia del Palazzo y la extravagante colección.



Cada uno de los frasquitos encerrados en las vitrinas guardaba no sólo la pieza colecionada, sino un secreto apenas audible que permanecía quieto, adormecido en el formol. En algunos casos se trataba de un juramento de fidelidad que sólo la muerte rompió. En otros eran palabras de amor que quedaron suspendidas por los siglos de los siglos, sin encontrar el destinatario preciado. Los más eran amenazas, blasfemias, gritos de dolor o estertores congelados con el último aliento. A través de los siglos se había conformado una melopea de palabras que gravitaban asustadas, ausentes, borrachas de formol y días; componían frases sin sentido, conversaciones babélicas, delirios como opiáceos que nadie, salvo Scipione Confessor, el cuidador, era capaz de descifrar.

Scipione representaba la onceava generación de Confessor encargados del cuidado de la Colección. A su cuidado el Palazzo y la Galleria con el coro de hermafroditas lascivos y voces confusas. Los secretos de veinte generaciones al alcance de un sordo que tan sólo era capaz de oir el silbido del viento rozando la cúpula y el silbato que Galleazzo Marinelli utilizaba para llamar a su Gran Danés “Otelo”. Qué gran delirio, digno de Venecia. Que grande nessenso!.



La historia de la familia Marinelli, que podía seguirse recorriendo la Colección, era una sucesión de triunfos y derrotas que se ordenaban en una perfecta línea ondulada de generación en generación. Se diría que las conquistas realizadas por el padre se convertían en derrotas de sus hijos, y los triunfos de los hijos de los hijos, en pesadumbre de los biznietos. Cada triunfador se llevó consigo la victoria. Cada perdedor legó en vida la derrota. Unos y otros participaban activamente, eso sí, en el mantenimiento y aumento de la colección, bien por sus propios medios, bien mediante trueque, engaño, compra o apropiación ilícita. Y cuanta más grande era la aportación coleccionista, menor el éxito de la siguiente generación, de forma que parecería existir una relación causa / efecto entre el número de piezas aportadas y el éxito de quien las aportaba. Estudiar esta relación era el mayor interés de Borges, que, sin embargo, encontró la ceguera antes de poder acometer semejante empresa.

La primera adquisición fechada lo es en Jerusalem, se trata de un ejemplar amarillento, casi ocre, acecinado, como cartón, que apenas si mide cuatro centímetros. La leyenda apunta en perfecta carolingia: “Annus Dei Ierosolommitannensis. Rex Orbii Aurellii Imperator Vaticcanae Gratiae Dei. Girolammo Marinelli in Sarrachenii belli enemicci tuetur atque praesente triomphii feccit praeter seculantur recordii. Item legatur praessenti stirpe mii.”

La última adquisición data de 1943, aportada por Vitorio-Romano Marinelli, la pieza fue recogida en Anzzo, el 14 de Junio y la descripción reza: “ Anzzo, Italia, 14 de Junio, 1943. V-R Marinelli. Color bruno. Forma hemitroncal, con lóbulo desprendido, carnoso; finas curvaturas externas, concéntricas en par simple: Modelo caracola. Marca o señal “ad ovo” en el extremo superior, centrado, en forma de triángulo equilátero con el vértice invertido (hacia el pabellón). Cuenca profunda; solapa protectora carnosa y velluda. Ovalada: 7,56 cms., largo; 2,84 cms., ancho -punto medio-. Europea. XX-34809-43.” De Vitorio-Romano contemplamos una adquisición anterior, de fecha Septiembre 1942, cuya descripción reproducimos a continuación: “ Brüeshberg. Austria. 9 de Septiembre de 1942. Obsequio de Herr Konrad Von Hessembelsch. Color pálido, casi traslúcida. Forma fetal invertida, con lóbulo adherido, cartilaginoso y fino, que presenta orificio semicerrado y señal en corte vertical que cruza desde el orificio hasta el límite. Finas curvaturas muy marcadas, regulares, sin solapillas, impares. Modelo arcada gótica. Cuenca en pabellón muy pronunciado y estrecho en la unión. Solapa protectora diminuta cartilaginosa. Óvalo: 5,43 cms. Largo; 1,67 ancho. Semítica?. XX-34808-42.”
A partir de estas dos adquisiciones la colección permanece inmutable, hasta tal punto que no se han preparado nuevas vitrinas, ni existe espacio acondicionado para recibir posibles donaciones. La suerte de la familia Marinelli, tras el éxito de Vitorio-Romano, devino en tragedia, hasta tal punto que Galleazzo ni siquiera es hijo de Vitorio-Romano, sino sobrino. La esposa, Claudia, y los hijos de Vitorio-Romano fueron fusilados en Trieste por tropas alemanas cuando intentaban embarcar rumbo a España. Vitorio-Romano se suicidó en el Pallazzo Marinelli al día siguiente de caer Venecia en manos de los americanos. Desangrado sobre un sofá que contempló tardes de fox-trot y sexo apresurado yacía Vitorio-Romano. En la mano derecha aún mantenía aferrado el revólver; en su mano izquierda un frasquito y una nota manuscrita. Los americanos que le encontraron no sabían italiano y sólo les llamó la atención la pulcritud del muerto: aseado, vestido con el uniforme de gala de los “camisas negras”, como dormitando. Le arrastraron por el pasillo hasta la entrada del Palazzo, dejando a su paso un rastro inequívoco de sangre que manaba de su parietal izquierdo. El frasquito que asía en la mano izquierda rodó hasta debajo del sofá cuando levantaron el cuerpo muerto. Nadie lo notó.

Un mes más tarde Scipione, que se había vuelto de la Guerra sordo a causa de un obús, tomó posesión del Palazzo con el encargo de mantenerlo y guardarlo hasta que el Comité Popolare decidiera su destino. Cuando procedía a limpiar el reguero carmesí que se extendía por la alfombra persa formando una mancha muy semejante al mapa de Europa tropezó con el frasquito y la leyenda. Lo tomó, observó y leyó en voz alta: “Pallazzo Marinelli, Venezia, Italia. 1945. V-R. Marinelli. Color bruno vivo. Forma hemitroncal, invertida. Carnosa. Suaves y finas líneas concéntricas, impares (tres), de curvatura grácil, en Y hacia el exterior. Lóbulo desprendido, carnoso y circular. Señal congénita en el interior del pabellón en forma de luna en menguante, de aprox. 3mm. Cuenca acaracolada, con solapa grande y carnosa; ausencia de vellosidades internas y externas. Interior marfileño. Medida vertical 8,06 cms. Horizontal en p.m 3,42 cms. Europea-Italiana-V.R.M- XX-34810-45.”. Acto seguido ascendió hasta la galería, descorrió las tupidas y pesadas cortinas, alcanzó, al azar, una de las vitrinas y extrajo un frasquito, en su lugar depositó el que portaba. El frasquito extraído fue arrojado a la basura ese mismo día, junto con la leyenda del suicida.
Nadie, salvo Scipione y su Padre confesor, supo jamás de aquel asunto. De hecho en el certificado de defunción de Vitorio-Romano se señala que la muerte fue producida por su propia mano, instantánea, de un sólo disparo con orificio de entrada por la sien derecha y salida por el pabellón auditivo izquierdo que le destrozó la oreja de esta parte, siendo imposible localizarla...
La Colección de Orejas del Pallazzo Marinelli es, sin duda, la más completa de las colecciones y la única en su género.

1 comentario:

  1. Optimizacion, nuevas tecnologias, automatizacion= menos gente necesaria para hacer el mismo trabajo.

    El problema es que hace falta menos gente y hay las mismas ganancias pero se le paga lo mismo, o incluso menos, a cada persona que conservan en lugar de repartir entre ellos el total de lo que antes se gastaba en mano de obra = necesitamos trabajar el mismo tiempo para que nos alcance para vivir pero cada vez hay menos trabajos disponibles.

    A esto sumale el que acerquen el colapso del sistema al pretender, alejando las jubilaciones, que tengas que trabajar aun mas tiempo. Si no hay trabajo suficiente para llenar el tiempo que tenemos que trabajar a dia de hoy!!!

    Eso no es sostenible.

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